Frank G. Rubio
Mientras no cambien los dioses, nada cambia. Rafael Sánchez Ferlosio
Acerca de ser súbdito es el título de un artículo de Felix de Azúa publicado en “The Objective” que toma como motivo el inicio de la lectura del libro de José Antonio Martínez Climent: El tesoro de Simbad (KRK ediciones, 2026). Uno de los más hábiles artesanos de la palabra de nuestro país.

En el artículo, a vuelapluma, se consignan algunas verdades del barquero sobre nuestro mundo político, entregado estos días a “la gran fiesta de las elecciones libres”. Quizá no tanto, porque sobre ellas soplan los hedores del fraude, en esta ocasión con una potencial modificación arbitraria y millonaria del mismísimo censo. Citamos directamente y procedente de este artículo al autor de Un fraude monumental: mil años góticos (Debate, 2026):
“La reducción de «lo nacional» a un asunto contable y mensurable para uso de codicias políticas es un ejemplo muy evidente de nuestra sumisión: hoy es «español» el que conviene a la codicia de un funcionario.”
En el marco de la instauración de un Estado Universal Absoluto de cuño planetario y en el contorno de una decadencia que sólo los más ciegos buscan no percibir: “los españoles, andamos sometidos a un régimen autocrático de tipo latino, es decir, ineficaz, caótico, ignorante, desvergonzado y ladrón.”
Todos estos cantos de sirena sobre la Hispanidad y sus fraternales usuarios que azotan hace tiempo nuestros sufridos oídos, la música dice muchísimo de la gente y su interioridad, están más que relacionados con el esfuerzo de nuestras elites por hacernos tragar su peculiar veneno de corte demográfico y cultural. Lo llaman “mestizaje” y lo camuflan de benevolente y terapéutica ingeniería social. Se busca conjurar patologías comunitarias, supuestamente amenazadoras, desde los rincones más fétidos de las ciencia social. Otra vuelta de tuerca, pero en circunstancias cada vez más aviesas y pre catástrofe, del sórdido devenir colectivo que España inició hace más de 300 años.

Cambiando de tercio pero siguiendo en el mismo disco, cara 1, vamos a viajar a los Estados Unidos al año 1928, en los umbrales de la crisis del 29, para tratar de iluminar alguna de las zonas de sombra de este país inmenso que tanta influencia, para bien y para mal, tiene sobre nuestras miserias y virtudes. Tomaremos como anclaje metafórico literario El horror de Dunwich, una de las más destacadas e interesantes fantasías de “horror sobrenatural” salida de la pluma de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937). Fue concebida en 1928 y llegó al público al año siguiente, unos meses antes del Jueves Negro. Como en tantas ocasiones, la separación entre literatura y realidad resulta más tenue de lo que imaginamos. 1928 fue también la fecha de publicación de La llamada de Cthulhu, un texto que para muchos propone un híbrido entre epistemología y profecía. Incluso una prefiguración de las sublimes “verdades” del psicoanálisis lacaniano.
El horror de Dunwich convoca peculiares modificaciones sobre aquello de lo que llevaba escribiendo el Maestro de Providence por entonces, incluso más tarde. Por poner algún ejemplo: la aparición de una mujer, decisiva en la narración, impensable para quienes le atribuyen una misoginia sistemática. Encontramos también humanos, unidos y cooperantes, consiguiendo gracias a ello poner abrupto final a una amenaza letal y planetaria procedente de los Antiguos… Otra conspiración contra la raza humana. Preludiando las supuestas tendencias maniqueas, pecaminosas para los puristas, incorporadas por August Derleth (1909-1971).
En este relato de corte folklórico, campestre y provincial, la endeblez ontológica no le corresponde a nuestra especie. La acaba experimentando como carga letal la aterradora, inmunda, invisible y ciclópea pero a la vez vulnerable criatura de los abismos que la protagoniza. Sin duda se hace notar la influencia de la novela de H.G. Wells (1866-1946), el gran arquitecto del “horror cósmico”, La guerra de los mundos (1898). Incluso de Mary Shelley (1797-1851)…
1928, en el horóscopo chino presidido por el Dragón de tierra, no fue un buen año precisamente.

La acción narrativa del relato se desarrolla en el presente de su creación. En esta fecha tuvieron lugar las primeras emisiones públicas de televisión por entonces minoritarias. “La primera demostración en hogares tuvo lugar en enero de 1928: la compañía General Electric sacó el invento del laboratorio instalando receptores experimentales en tres casas particulares de Schenectady, Nueva York. Las pantallas medían apenas 3×3 centímetros y mostraban rostros muy difusos y siluetas de humo en movimiento.”
Si alguien recuerda el relato o se toma la molestia de volver a leerlo, uno de los momentos más aterradores tiene lugar cuando los tres eruditos de la universidad de Miskatonic suben a una colina para espolvorear a la gigantesca e invisible criatura, un ser por lo demás inocente a pesar de su manifiesta, letal y omnívora voracidad, con un compuesto que permita hacerla visible. Los granjeros, que contemplan a distancia la escena, ven por primera vez… las imágenes de la primera emisión de televisión. O algo parecido. Los que no disponían del telescopio solo vieron el fugaz destello de una nube gris…
La primera obra de teatro televisada lo fue en septiembre de 1928. La estación WGY emitió: «El mensajero de la reina». Para lograrlo, usaron cámaras mecánicas pesadas y enfocaron exclusivamente las manos y los rostros de los actores. Desde los primeros momentos del artilugio, que hoy ensombrece la experiencia de millones de usuarios, Nyarlathotep, el señor de las identidades esquivas y múltiples, se dio a conocer en lo visible a sus adoradores secretos…
“En 1928, un joven granjero de Kansas sin estudios universitarios llamado Clyde Tombaugh (1906-1997) construyó su propio telescopio casero utilizando piezas de tractores viejos y una separadora de crema. Fascinado con el cielo, realizó dibujos detallados de las superficies de Marte y Júpiter. Ese mismo año vino al mundo Vera Rubin (1928-2016) la madre de la “materia oscura”.

También, por la gracia de Walt Disney (1901-1966), se manifestó el primer dibujo animado de Mickey Mouse sincronizado al sonido: Steamboat Willie.
Para el aristotélico, por entonces usuario de la radio recién llegada, 1928 estuvo marcado por crímenes que conmocionaron profundamente a la opinión pública, algunos de los cuales figuran entre los casos más crueles y mediáticos de la historia estadounidense. Todo ello en el marco del pleno auge de la Ley Seca (1922-1930) gracias a la cual el crimen se convirtió en una autentica industria, dando lugar a la conformación del estado policial en un país por entonces esencialmente libre.
“La radio emergió por entonces en la década de 1920 y funcionó como el gran bálsamo emocional y social de las multitudes. Si la Prohibición rompió los lazos comunitarios en el espacio público, la radio creó una nueva comunidad invisible dentro del espacio doméstico.”
La locura que nos arrastra a todos comenzó entonces. “La radio creó la simultaneidad. En 1928, millones de personas a lo largo y ancho de los Estados Unidos podían emocionarse, reír o llorar al mismo tiempo escuchando exactamente lo mismo.”
El Hombre entraba de lleno en una nueva religión, un auténtico laberinto de espejos, forjando su identidad colectiva desde un basurero de fragmentos.
“El oído hoy casi un siglo después vuelve a ser el centro de la socialización. Ahora digital. La radio demostró que cuando la sociedad pierde sus espacios físicos de encuentro, el ser humano siempre encuentra una tecnología que le permita seguir sintiéndose parte de una tribu.”

Apareció la mandíbula fósil del primer artrópodo, Rhyniognatha hirsti, que se suponía un insecto alado. Hoy algunos científicos proponen que pertenece a un miriápodo, la familia de los ciempiés y escolopendras. “La iconografía maya solía representar las fauces de estas criaturas mortíferas de forma esquelética con dos grandes colmillos. Estas «fauces de ciempiés» se consideraban umbrales o portales liminales a través de los cuales los dioses, los ancestros o el propio Sol transitaban entre el mundo de los vivos y el Xibalbá (el inframundo).
En 1928 se dieron conocer las Líneas de Nazca…