ETOLOGÍA DE LA PARTIDOCRACIA

El Perro de Diógenes

 

crisalida

Debe ser grande el hechizo como para que permanezcamos encallados en esta eterna Transición que dura ya más de 40 años. Cosa de brujería de la chunga. De mago negro que se pasó de dosis y duerme una tajada cercana a la convalecencia. Verás cuando despierte y nos venga con la monserga de que no recuerda nada y que pelillos a la mar (con el permiso de Greta).

Porque un poco sobrenatural sí que parece este embrollo político en el que estamos. ¡Vamos a “transicionar” sin movernos del sitio! No me digan que no parece cosa de magia y hechicería este sempiterno estar rompiendo con el régimen, pero como disimulando. Que parezca que sí, pero sin que se note mucho que no. Porque ahí sigue, renqueando, el del 78, sin acabar de completar su fase de crisálida partidocrática que daría alas a una democracia en nuestro país, que era hacia lo que se “transitaba”.

La cosa, como vemos, se ha quedado a medio hacer, como un animalito que se malogra en el huevo. Ni separación de poderes ni representación ni mariposas. El Estado de partidos no termina de mutar en aquello de lo que fue pasajero remedo, y se ha instalado en una forma larvaria, encapullada, de facciones oligárquicas y modos rufianescos de sobra conocidos por todos. ¡Para qué escarbar en nuestros pesares!

Que el bicho no está muerto lo advertimos no solo por los efectos devastadores que produce en la sociedad civil a la que parasita y ningunea, sino también, porque en estos últimos tiempos ha experimentado, quizás como estrategia adaptativa, una ampliación tal de su espectro polícromo que forma ya un arcoíris perfecto e inclusivo, presagiando acaso tormentas venideras. Un camaleónico proceder muy bien estudiado en zoología, llamado “cripsis” y que consiste en lograr que un organismo pase inadvertido a los sentidos de otros animales vecinos. Esta estrategia de ocultación incluye métodos dispares y eficaces como el “camuflaje, el mimetismo, la nocturnalidad, la vida subterránea y el mimetismo batesiano[1]”. Todo vale para sobrevivir, incluso hacerse el muerto antes de las elecciones, como viene haciendo el PSOE en estas y ante la multitud de problemas que nos acucian. Que no se note ni que respiras, no vaya a ser que se frustren futuras coyundas.

Pues es característica singular la reproducción endogámica de la partidocracia, aun a pesar de la evidente acumulación progresiva de rasgos recesivos y malformaciones congénitas que esta práctica supone para su prole. La estrecha relación de consanguinidad entre ejemplares que portan siglas y pelajes similares, otorga, como contrapartida, una homogeneidad al grupo que se ha demostrado muy eficaz para mantener la unidad del clan en tiempos de escasez de recursos y proliferación de otros organismos competidores. Contra estos últimos, la estrategia adaptativa más exitosa ha sido, sin duda, el pacto, el consenso. Las componendas a puerta cerrada; las puertas giratorias o blindadas; el negocio de despacho… Las ententes y acuerdos soterrados entre facciones que han de repartirse el hábitat y el peculio. Más vale un cómplice en mano, que ciento volando.

Mediante el pacto es como se crean las grandes fortunas familiares. La repartición del botín y su porcentaje de sisa, requiere una férrea demarcación del territorio al frente de cuya administración se coloca un macho alfa que controle a su manada y vigile que la tupida red de complicidades y conchabanzas, así como el complejísimo entramado de instituciones, sociedades, organismos, empresas, regulaciones, leyes y subvenciones, funcione sin obstáculos ni limitaciones. Nadie puede controlar a los gobernantes.

Las estrategias de ocultación dificultan pero no impiden que la sociedad civil se percate del pillaje al que está siendo sometida y se rebele haciendo valer su superioridad numérica. Para que esto último no suceda, se ha interpuesto una polvareda de medios de comunicación al servicio del régimen que se dedica a echar tinta de calamar para oscurecer cualquier cabal comprensión de los problemas reales y que se afana en esparcir invenciones y naderías imaginativas que aturdan y dividan en facciones a la propia sociedad. Los medios son, sin duda, los colaboradores necesarios para que la sociedad asuma pacíficamente –como si fueran propios y genuinos– los intereses de sus mandatarios y siga, por tanto, presa de esta alucinación colectiva. Sin una prensa aliada con el poder, la Transición podría haber acabado hace décadas; la crisálida habría completado su fase y roto, por fin, el capullo del régimen. No es cosa de despreciar.

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Cripsis

 

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