LAS COSAS MALAS MUEVEN EL INGENIO

Frank G. Rubio

oligarquía

LA LEY DE HIERRO DE LA OLIGARQUÍA

Dalmacio Negro Pavón.

Encuentro. Madrid, 2015.

95 págs. 10

 

 

 

En 1911, y en lengua alemana, se publica un texto seminal sobre cuestiones básicas de la sociología política contemporánea: el trabajo de Roberto Michels (1876-1936), discípulo de Max Weber (1864-1920), sobre las tendencias oligárquicas en los partidos políticos que, como sabemos, son los personajes clave de las democracias modernas. El poder político recae siempre en unos pocos, independientemente de si la forma política es monárquica, aristocrática o democrática. En palabras del propio Michels: la democracia conduce a la oligarquía y contiene necesariamente un núcleo oligárquico. Esto resultará especialmente significativo tras la Segunda Guerra Mundial, donde los Partidos son partidos de funcionarios y los Estados son estados de partidos. El autor cita oportunamente a Jünger (1895-1998): la política ya no es nuestro destino, sino la Física.

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Dalmacio Negro Pavón

Dalmacio Negro Pavón ha sido catedrático de Historia de las Ideas y Formas Políticas en la Universidad Complutense de Madrid y es también miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. El autor, en este intenso y documentado trabajo, da un oportuno repaso a la historia de las ideas políticas occidentales desde la polis griega; teniendo siempre en mente esta cuestión que hemos señalado y postulando una suerte de realismo político, hoy más que nunca necesario para poder atisbar entre la niebla generada por las ideologías y la propaganda. La realidad política es de suyo polémica y el verdadero pensamiento político no es científico en tanto discurre en plena beligerancia; no hay soluciones definitivas en política y, como señalaba Julien Freund (1921-1993), pensar políticamente es ponerse siempre en lo peor. Para los griegos la libertad colectiva era la verdad fundamental de la política, pero las transformaciones de la tradición europea, ya tergiversada por la escatología agustiniana ajena a las concepciones cíclicas de los antiguos, llevarán, tras el interludio medieval en el que aún se manifestaba la omnipotencia del Derecho, a transformaciones como las aportadas por Hobbes (1588-1679), que convierte a su dios mortal, Leviatán, en trasunto de la polis. Más tarde la máquina estatal servirá a la oligarquía ilustrada para adecuar la vida colectiva a las enseñanzas de la Ciencia.  En esta etapa ya la democracia inmaterializa al despotismo. El sufragio universal, la postulación de la sustitución del Estado por la “dictadura del proletariado” proclamada por Marx (1818-1883) y la estatalidad, como forma de integración (el Estado de Derecho), no solo colonizan la sociedad a través de la burocracia, sino que dan consistencia a la idea de que la política se ha convertido en la nueva religión. En cualquier caso el pueblo es sólo soberano en lo imaginario.

La reciente llegada al poder de Pedro Sánchez, una marioneta como el presidente anterior de la Oligarquía, muestra con claridad, más allá de los FX contenidos en la oleada de funcionarias (muy por encima de la obligada cuota del fifty-fifty) y astronautas de perogrullo, un claro ejemplo de lo comentado en este libro.

 

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