Frank G. Rubio
El problema no es sólo que Biden esté viejo. El problema es que está loco. Sólo un demente no consideraría una guerra nuclear como amenaza existencial, diciendo que «la ÚNICA amenaza existencial para la Humanidad es el cambio climático». Y este demente tiene el poder de lanzar un arma nuclear. ¿Cómo podemos siquiera considerar que sea seguro reelegir a este hombre?
Tulsi Gabbard

La imagen del papa Francisco y el Presidente Joe Biden tomada durante la última reunión del G-7, con sus frentes unidas, emite un mensaje grotesco y terminal. Con un inquietante sentido anexo escatológico. En la actual y compleja circunstancia que se encuentra el mundo, cercano a una guerra mundial que podría muy bien involucrar el uso de armas nucleares, las biológicas ya han sido usadas bajo la mascarada de la crisis del COVID-19 por sectores de la Oligarquía estadounidense y el comunismo chino, estos dos armatostes obsoletos, el vaticanista y el estadounidense, dos “catoliceporros” de aúpa vinculados a los entornos más corruptos del viejo y el nuevo mundo, constituyen un contundente identificador de agonía y decadencia civilizacionales. Algo que debería preocuparnos a todos.
El “pontifex maximus” está bajo mínimos, siquiera en condiciones de cruzar un charco. En cuanto al segundo presidente católico de los Estados Unidos ha dejado claro, no sólo en el debate del que luego hablaremos, donde la mera y estulta presencia balbuceante y confusa de quien no es capaz de entrar y salir sin compañía del lavabo de caballeros ha disparado la alarma en sus seguidores y patrocinadores, que algo marcha mal en la selección de líderes en la primera potencia mundial. Este imbécil, calificativo meramente técnico, ha mostrado durante la mayor parte de “su mandato” un compromiso creciente con la corrupción y la generación de desorden, entre otras cosas por sus políticas migratorias. Un país que es capaz de asumir a un personaje tan poco respetable y en estado tan marcadamente senil, como primer mandatario, es un país en las últimas. No mencionaremos a su pequeño Cómodo porque él no es Marco Aurelio, ni Estados Unidos (por ahora) una monarquía.
Todo esto ha sido hecho posible para favorecer los manejos de quienes desean, no sólo hundir a Trump, también conseguir un periodo más para Obama en el gobierno. Es decir: entronizar una marioneta eficaz para la gestión de los intereses de determinados eslabones básicos del Capitalismo Corporativo y el Estado Profundo norteamericanos. Robert F. Kennedy los concreta en Black Rock. Sin obviar por ello la connivencia de su Administración, siguiendo la tradición de los Clinton, siendo el ex presidente uno de los pocos personajes públicos que ha elogiado la conducta de Brandon en el debate, de connivencia con el comunismo chino. El Frankenstein que Norteamérica ayudó a gestar con Truman en las inmediaciones de 1949, la fecha en que la banda de asesinos dirigida por Mao se apoderó del país. La mayor amenaza, junto con el pan islamismo, para las sociedades libres de nuestro tiempo.

Pero vayamos ahora al debate. Este debate ha sido el tercero de los que han perpetrado estos dos personajes, el primero de los programados para esta campaña. Los dos anteriores tuvieron lugar en el 2020, durante el confuso acontecimiento del COVID-19, y sellaron el destino de Trump.
En un artículo reciente de Niall Ferguson, titulado significativamente: The Democratic Party Awaits Its Gorbachev, se señalan algunas cuestiones demasiado obvias para ser percibidas hasta hoy por los adoctrinados en el sistema de propaganda dominante:
“El presidente está senil. El ex presidente es un fanfarrón. Ambas cosas son obvias desde hace años. Sin embargo, el consejo editorial del New York Times, los presentadores de Pod Save America y muchas otras eminentes autoridades liberales se escandalizaron por lo que la CNN emitió desde Atlanta.”
“La gente se pregunta: «¿Son realmente los mejores candidatos que podemos encontrar?». Aunque quizás quieran decir: «¿Por qué el sistema político estadounidense ha proporcionado a los votantes esta embarazosa elección entre dos ancianos para el puesto de presidente?».
“Es una pregunta difícil de responder si uno se niega a considerar que nuestro actual sistema presenta síntomas similares a los de otros sistemas políticos en estado de degeneración, especialmente la Unión Soviética en la década de 1980. (Hay otros ejemplos. Los últimos dirigentes comunistas de Bulgaria, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Hungría y Rumanía tenían todos más de setenta años)”
Hay que recordar sin embargo que un sistema puede colapsar con dirigentes jóvenes. La senilidad es un grave handicap pero la juventud muchas veces no garantiza demasiado. Más aún en etapas terminales donde la decadencia y la corrupción afectan a la clase dirigente en su casi completa totalidad. La clave en parte está en la edad de los patrocinadores de la política norteamericana y sus intereses. Todo esto vale también para la mascota España.
En un artículo anterior, We are all soviets now, Ferguson ya había insistido en la similitud de las democracias occidentales con el anterior y colapsado Behemoth ruso:
“Sin embargo también debemos contemplar la posibilidad de que nos hayamos hecho esto a nosotros mismos, al igual que los soviéticos se auto infligieron algo similar. Durante la Guerra Fría, a los liberales les preocupaba que pudiéramos llegar a ser tan despiadados, reservados e irresponsables como los soviéticos debido a las exigencias de la carrera armamentística nuclear. Poco sospechaba nadie entonces que acabaríamos volviéndonos tan degenerados como ellos, renunciando tácitamente a ganar la guerra fría en curso”.
https://www.thefp.com/p/were-all-soviets-now
Vayamos al debate mismo. Temas como la inflación, el déficit o los impuestos marcaron el punto de partida. Biden defendió su gestión señalando cómo su adversario le había legado un país casi en ruinas tras una pésima gestión del COVID. Trump recalcó que América no había estado nunca mejor tras su gestión. El tema del aborto y la cuestión de los periodos para realizarlo, así como si este asunto pertenecía o no a los estados constituyó otra cuestión determinante. Biden se manifestó incapaz y decaído físicamente durante toda la sesión. Trump insistió machaconamente en el asunto de la frontera con Méjico y la invasión de inmigrantes, muchos de ellos criminales, que inundaba el país. Un acontecimiento real.
Trump recalcó que él se había sometido a varios test cognitivos y Biden no. Biden acusó a Trump de los disturbios del 6 de enero de 2020 en el Capitolio. Oscuro episodio donde muy posiblemente la connivencia entre el Deep State y las fuerzas policiales de la capital del país, demócratas hasta las cejas, fuera decisivo.
Los veteranos y sus beneficios económicos y la política exterior, sobre todo Ucrania y la retirada de Afganistán, dieron también origen a un debate que mostró a las claras que Biden no puede ser reelegido y que muy probablemente tampoco se le deba permitir presentarse de nuevo como candidato presidencial.
Para Biden el asunto de la porosidad de la frontera sur al narcotráfico, en concreto la penetración de opioides como el fentanilo, se resolvería con unas máquinas detectoras que estaban en camino. Trump insistió en numerosas ocasiones en que el país estaba siendo destruido y que había que actuar.
Biden señaló que Putin era un asesino, Trump que jamás habría habido guerra en Ucrania si hubiera seguido él en el poder… Trump rechazaba hablar de cambio climático y acusó a Biden de ser un candidato manchú al servicio de China comunista. Cosa que por ser verdad ni siquiera es considerada por los analistas y podencos de la prensa. Y que pronto se manifestará como decisiva.
No fue un buen debate quedando claro, más allá de la duda sobre muchas afirmaciones fácticas de Trump, las de Biden no fueron menos cuestionables, que el actual Presidente en funciones no sólo no debe presentarse de nuevo como candidato sino que lo más conveniente sería su inmediata dimisión.

Edward Luttwak comentó:
Inmediatamente después del debate televisivo de anoche con Donald Trump, varios expertos demócratas de alto nivel, uno tras otro, declararon que Biden no puede continuar su campaña otros cuatro años como Presidente. Varios odian abiertamente a Trump, que se mostró ciertamente demasiado retórico e insuficientemente objetivo. Pero no pudieron rebatir la afirmación de Trump de que podía gobernar, mientras Biden se deslizaba repetida y muy visiblemente hacia momentos de confusión senil que sólo duraban unos segundos, pero que sólo pueden empeorar. A juzgar por la actuación de anoche, parece extremadamente improbable que pueda funcionar como Presidente durante dos años, por no hablar de cuatro.
https://unherd.com/2024/06/why-joe-biden-must-save-himself-and-quit
Ya se habla de la sustitución de Biden por su vicepresidente, Kamala, aún menos popular que él, o por el lanzamiento “sorpresa” de Michelle Obama.
Una rata gorda de la casa, tratando con ello de repetir la fórmula Hillary.
Doug Bandow en The National Interest ha señalado:
¿Qué estadounidense cree que este hombre puede encontrar soluciones al gasto descontrolado, el aumento de la deuda o la inflación galopante, así como a las crisis que socavan nuestros sistemas de educación, inmigración y sanidad? ¿Puede hacer frente a las guerras en Europa y Oriente Próximo y a un conflicto potencialmente aún más devastador en Asia? ¿Está preparado para una crisis dentro de meses, por no hablar de años?
https://nationalinterest.org/feature/america-wants-know-joe-biden-really-fit-be-president-211644
Paul Gottfried, una de las mentes más lúcidas y cultas del conservadurismo estadounidense actual recalcó:
Poco antes del debate escuché una entrevista con el hijo de Donald, Eric, al que preguntaron cómo enfocaría su padre el próximo debate. Eric fue magníficamente elocuente al enumerar todos los puntos que suponía que plantearía su padre. Tras escuchar a Eric y después a su padre responder a los puntos demócratas, me encontré deseando que fuera el hijo, y no el padre, quien debatiera anoche con Joe Biden.
Gottfried, conocedor profundo de la política europea, ha señalado que es muy improbable la victoria de Marine Le Pen en la segunda vuelta. A lo que yo añado que sería el peor escenario para la derecha francesa. ¿Por qué? Porque la bomba que han ido armando globalistas, islamistas e izquierdistas en Francia les debe estallar a ellos en la cara. Sobre las ruinas y sus cadáveres se podrá pasar a la VI República. Los Juegos Olímpicos y la destrucción inmisericorde de Hezbollah darán más juego que el espejismo de las urnas.

Pero no quisiera dejar de citar, antes de terminar, un fragmento del debate para que el lector se eche unas sonrisas y vea que el bajísimo nivel de los políticos españoles no es algo especial.
Pregunta: Gracias. Ex Presidente Trump para continuar. Usted tendría 82 años al final de su segundo mandato. ¿Qué les diría a los votantes que tienen dudas sobre su capacidad de servicio?
Respuesta de Donald Trump, ex Presidente y candidato:
Bueno, hice dos pruebas, pruebas cognitivas. Pasé las dos. Como saben, lo hicimos público. Él no hizo ninguna. Me gustaría verle hacer una. Sólo una. Una muy fácil. Como pasar por las primeras cinco preguntas. No podría hacerlo. Pero hice dos pruebas cognitivas. Me hice exámenes físicos cada año. Y, ya saben, tocamos madera dondequiera que tengamos madera, que estoy en buen estado de salud. Acabo de ganar dos campeonatos de golf en el club, ni siquiera senior: dos campeonatos regulares de club. Para hacer eso, tienes que ser bastante inteligente y tienes que ser capaz de golpear la bola muy lejos.
Y yo lo hago. Él no lo hace. No puede golpear una pelota a 50 metros. Me retó a un partido de golf. No puede golpear una pelota 50 yardas. Creo que estoy en buena forma, como hace 25 o 30 años. En realidad, probablemente sea un poco más ligero, pero estoy en tan buena forma como hace un año. Me siento muy bien. Me siento igual. Pero yo estaba dispuesto a realizar una prueba cognitiva.
Y así estamos con relación a las futuras elecciones norteamericanas.