CONVERSACIÓN DE SOLDADOS, de Alberto Ávila Salazar

el

Frank G. Rubio

CONVERSACIÓN DE SOLDADOSConversacionSoldados

Contaminaciones, profecías y fenómenos.

Alberto Ávila Salazar

AURORA DORADA

Játiva (Valencia) 2019

La Poesía, como la Rueda, una coincidencia…

Conozco a Alberto Ávila desde hace años y había leído ya en su momento  parte sustantiva del material recogido en esta excelente antología de relatos. Género terrorífico en estado puro fundamentalmente, aunque alguno de sus componentes anda entreverado con la ciencia-ficción y/o contaminado con el cordial y nada entrañable horror cotidiano que denominamos  “la gente” (Los poetas).  Alberto se está convirtiendo paso a paso en un muy peculiar y destacado referente de lo fantástico en España. Su trabajo constituye una operación desgarradora de cirugía alquímica, dolorosa y exultante a la vez, que oscila, desde el punto de vista de su tonalidad, entre la tenebrosidad opaca  de los djinn y la sabiduría luminosa de la Divina Comedia.

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Alberto Ávila Salazar

La primera contribución con la que de modo nada accidental se inicia el libro es un inmejorable y largo relato de ciencia-ficción profusamente distópico e irónico que no entiendo muy bien cómo pudo, en el curso de la presentación en Espacio Valverde, ser fuente de ambigüedad o inquietud doctrinal para el prologuista y presentador del acto. Bueno, sí que puedo captarlo: ¡canastos! Demasiados giros de derviche hacia el lado izquierdo, contrarios al sentido a las agujas del reloj y en la línea del anti-califa, se cobran en cualquiera su peso en materia gris y en capacidad de percepción. Puede curarse, ausentándose durante algún tiempo de algunos fenómenos procedentes de la antropología cotidiana en la que uno convive como agregado. Varios relatos, incluido este citado donde dos representantes de sendas distopías[1] se encuentran en la sede de los reflejos, curiosamente se ciernen sinuosos sobre esta cuestión.

Como estoy un poco sordo e hice el servicio militar en África, voy a dejar de lado la “conversación de soldados” y voy a quedarme a solas con los diecisiete relatos restantes.

Los minutos sin munición se suceden en  las estancias vacías de esa mansión en ruinas, desprovista de muros, que es el desierto (o la Luna) donde encuentra su hábitat perfecto  el flujo del “último hombre”: entidad abrazada a la mala conciencia y ayuna de oído para la profecía;  el mismo ente en cuyo cráneo resuena insomne el graznido proveniente de los minaretes o el silencioso vacío que irradian las pantallas, con su cada vez más imperceptible zumbido y su desfile rizomático de imágenes. Este homúnculo funesto constituye con su inhumanidad, por lo demás asumida por todos, incluso los que lo festejan con neologismos vacuos como: “antropoceno” o “cthuluceno”, el leitmotiv básico de estos crueles y  humorísticos relatos de terror. Horror cósmico, cotidiano, inmaterial, deudor de lo monstruoso… siempre directo. Los contenidos son los propios del género clásico[2] en muchos casos dotados, como señala  David Bizarro, de un espíritu genuinamente pulp; muy de agradecer por lo demás en un espacio literario donde el adoctrinamiento y la mediocridad están llegando a extremos grotescos. En casi todos los relatos alienta un humor vitriólico camaleónicamente disimulado; podemos decir, se respira la sensación de que la muerte no es el final, que aún queda lo peor…

El batin es el sentido oculto de las cosas, que va más allá del zahir, que son las apariencias. AAS

[1] Un ciudadano de un futuro unificado y tecnificado, que tiene su origen en la UE y la neutralización de Israel, marcha a la Luna donde tiene el control una dictadura inspirada en Corea del Norte. Un auténtico juego de espejos donde nadie es lo que parece. Más o menos lo que vivimos hoy en nuestra seudodemocracia. ¿En torno a qué gira la Tierra hoy cuando se niega el carbono?

[2]  Los once textos consignados bajo el apartado “arabescos” sin duda homenajean a Poe, no faltando la esencia de Lovecraft, pero hubieran sido imposibles sin la lectura del  infecto Negarestani y la desacompasada y mugrienta irrealidad que exhalan Oriente Medio y el Islam. Tan “occidental”, este último, como lo que más en esta gran carroña en que ha devenido nuestro planeta, globalizado y digitalizado.

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