DIVAGACIONES ACERCA DE LA NOCHE

Cristóbal Cobo

la noche
Ilustración: Juan Manuel García Cáceres

Hay cinco tipos de noche:
noche de insomnio
noche de reposo
noche de vigilia
noche de juerga
noche de sueños.

En la primera manda la angustia;
en la segunda, el cansancio
en la tercera, la reflexión;
en la cuarta, la amistad;
y en la quinta, lo oculto.

No hay noches de colores, porque los colores le pertenecen al día. Hay días azules, verdes, anaranjados, violetas, rojos, amarillos y todas sus combinaciones, por eso hay muchos más días que noches. En el día rige el sol, el año. En la noche, la luna, el mes.

La noche oscura, la noche en vela, la soledad, la tristeza, son más fuertes de noche. Y el gozo, la grata compañía, son en cambio bendiciones en la noche.

En cuanto al sueño, se me antoja un elixir que se introduce en nuestro oído mientras dormimos. ¿Qué manos lo vierten, y con qué sentido?

Los momentos más extraños de la vida, los más escurridizos, son cuando despiertas de un sueño. Y qué emoción de pescador sentimos cuando atrapamos un sueño en la red de los recuerdos. He escuchado a hombretones relatarme sus sueños con voz temblorosa y quebrada, embargados y embriagados por una emoción terrible. Y quién no se ha sentido frustrado al comprobar que las palabras y el sol trituran los sueños, los pervierten…

Mas no se quejará la noche, cual ruin feminista, de estar oprimida por el día ¿cómo iba a hacerlo, si están el uno sustentado por la otra, y viceversa, en una danza eterna?

Si acaso, es el día el que ha sido asaltado por las pesadillas. El horror cotidiano de un semáforo. La fealdad rampante de las aceras. Esos bloques cuadrados encaramados unos sobre otros, donde venden chismes. Si encuentras algo bello, casi seguro, es de otro tiempo.

El paseo nocturno es el más agradecido en las ciudades modernas. Pues lo feo, en la sombra, se embellece.

Juro que una noche, paseando por Madrid, vi un conejo blanco a la puerta del Senado. Se escondió en unos setos que hay enfrente. Pero era la noche su habitáculo.

Qué absurdas nos resultan en la noche las opiniones del día, qué inútiles afanes, qué algarabía… Qué sabios nos parecen los búhos y qué tontos los hombres.

Mas no le haremos justicia a la noche si no hablamos del miedo. El miedo le ha creado mala prensa a la noche. Dicen que la noche no es de fiar, que oculta sus verdaderas intenciones. Y a pesar de que la muerte se lleva a los infelices lo mismo de día que de noche, es la noche sospechosa la que carga con el peso de la culpa.

Soy amigo de los gatos y de toda criatura cuyos ojos brillan de noche. Sobre todo, las hembras.

Creedme, la noche es inocente y la maldad, legisla por el día.

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