ABERRANTE ACTUALIDAD, V: El último refugio de los canallas

Paco Arellano

777731No querría aburriros con mis notas, pero creo que las cosas están tomando un cariz bastante terrible y creo que todos nosotros debemos asumir una posición por difícil que nos pueda parecer. Hoy me tocaría hablar del Gobierno y sí, voy a hablar del Gobierno, pero no con sorna, humor o toques melodramáticos, sino con amargura. Porque no puedo hacerlo de otra manera. Vivimos en un país donde están pasando cosas muy graves y que, a la larga (o desgraciadamente, quizá a la corta). pueden arrastrarnos a una situación donde no haya vuelta atrás. Mi opinión es que todo está a punto de desencadenarlo un acontecimiento que parecería casi trivial: las elecciones en Andalucía.

Recapitulemos un momento sobre la situación actual política en España. Que quede claro que esto es un mero ejercicio de aplicación de mi inteligencia ante lo que veo de manera cotidiana y que no es un juicio de valor con una notable intención de contemplar todos los aspectos de la realidad que nos rodea, ni muchísimo menos. Hay que hablar de muchas cosas y no sé si estaré a la altura, pero tengo que intentarlo, de manera que allá vamos, aunque soy consciente, y mucho, de que dejaré muchas cosas en el tintero, pero ante eso no puedo hacer nada más que lamentarlo.

           Cs-PP-VxLas elecciones en Andalucía han mostrado un vuelco notable en la situación de estancamiento en que nos encontramos. Las elecciones andaluzas han demostrado que el pueblo no se deja convencer por los cantos de sirenas que nos rodean y que escuchamos por todas partes. Buena muestra de ello son los resultados que ha obtenido la derecha (en general), que ha conseguido que los partidos tradicionales de izquierdas, que en Andalucía venían venciendo en las elecciones (con o sin mayorías absolutas) puedan quedar desbancados si Dios no lo remedia (y no debería). La derecha ha conseguido, si se une, una mayoría absoluta integrada por tres partidos de muy diferente catadura: el Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Unidos obtienen una mayoría de votos que puede conseguir que, después de treinta y seis años, el Partido Socialista Obrero Español quede fuera del Gobierno de Andalucía con todo lo que eso representa. Para empezar, una renovación general en una autonomía española que está estancada debido a una muy mala gestión de los haberes públicos y a una terrible corrupción que se ha extendido por todos los niveles de la sociedad andaluza, desde las rapiñas efectuadas por todos sus gobernantes y en beneficio propio hasta los repartos indiscriminados de ayudas para mantener un voto cautivo de unas magnitudes inmensas. Eso ha llevado a que sea la comunidad autónoma con mayor índice de paro juvenil, mayor tasa de fracaso escolar, mayor cantidad de población subvencionada de por vida, y un largo etcétera. Andalucía, a mi entender, es una de las regiones más ricas de España, si no la que más, y una de las más empobrecidas. Ello es debido no solo a que la crisis la haya afectado de manera más dura que al resto de España, sino a que nadie se ha preocupado de nada que no sea medrar por el lucro y el interés personal. Eso podría tener fin ahora. Y yo espero que lo tenga. La alianza de tres partidos de derechas podría terminar con un periodo larguísimo de gobierno de las izquierdas (PSOE, Podemos, en sus muchísimas variantes, Partido Comunista, también con muchísimas variantes). Pero, y aquí empiezan los problemas de verdad, resulta que uno de los partidos que podrían integrar el grupo de los tres que llevarían la derecha al poder ha sido etiquetado, de momento ignoro si con razón o sin ella (pero me imagino que sin ella), como de extrema derecha. Vamos a ver cómo están estas cosas.

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Vox es un partido que ha irrumpido en la escena política andaluza con una fuerza arrolladora, obteniendo cerca de 400.000 votos y con ellos doce diputados (tanto hombres como mujeres) en la Junta de Andalucía. Hasta aquí, todo normal; pero resulta que este partido tiene un problema muy grave, que es de extrema derecha, o eso dicen y cacarean los periodistas de izquierdas que dominan las televisiones, los periódicos, las radios, cualquier tipo de prensa en una palabra. De hecho, tan grave es la cosa de que un partido de extrema derecha (lo digo como lo dicen ellos, pero deben entender que es solo una etiqueta para aclararnos) haya llegado a las instituciones andaluzas que el líder carismático de Podemos, el noble y millonario (al menos en patrimonio) señor Pablo Iglesias, se ha permitido el lujo de enviar a sus esbirros descerebrados a la calle para impedir que esas personas que han obtenido el favor del pueblo alcancen el puesto que les corresponde en las instituciones porque no son demócratas como ellos (esto es en serio, aunque parezca una chirigota de Cádiz). Iglesias mandó a sus hordas de encapuchados (dato importantísimo) a la calle para impedir el triunfo de la extrema derecha y, supongo, dándose cuenta de que eso sería lo más antidemocrático que podrían hacer: los electos de Vox lo han sido con el favor del pueblo y con sus votos; no se puede despreciar al enemigo porque no comulga con tus ideas, no se puede hacer eso en democracia, en esa democracia que tanto alaban ahora pero que hace unos años denostaban porque la ideología de Podemos (y de otros partidos de izquierdas, quizá de todos los partidos de izquierdas) es la de que solo es bueno lo que yo propongo, siendo malo lo que proponen los demás. Por lo mismo, solo yo soy bueno y todos vosotros sois malos y no tenéis apenas derecho a la vida hasta que seáis reeducados. El hecho es que las manadas podemitas, que no son tan nutridas como a ellos les gustaría (y que por eso mismo se están hundiendo en las votaciones y ojalá se hundan por debajo del suelo debido a su calidad antidemocrática), salen a la calle a berrear y a clamar como energúmenos diciendo que «fuera el fascismo de España», y «fuera el fascismo de la universidad» y cosas parecidas. Pero eso lo dicen sin saber muy bien, sin saber nada, en una palabra, sobre lo que es el fascismo y lo que son los fascistas. Esto se lo podríamos preguntar a los nacionalistas de todos los pelajes que circulan por la piel de toro, que son razas elegidas y predestinadas que pueden mentir y falsear no solo la historia, cosa fácil, sino la realidad, que ya es más difícil pero que también se puede conseguir con un enorme paquete de contenido ideológico, que no intelectual.

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La verdad es que, oyendo los discursos de unos y de otros, los muchachos y muchachas de Vox están haciendo una buena campaña de asimilación del golpe bajo de la izquierda y no están demostrando ese carácter fascista que Iglesias y tantos otros (periodistas, políticos, tertulianos, gente en el bar…) les asignan.

Así que, vamos a ver: un partido supuestamente demócrata (Podemos) intenta acabar con un partido supuestamente fascista (Vox) empleando métodos fascistas de represión callejera (que son los únicos que les gustan, y que les han gustado, desde que el mundo es mundo): ¿quién es el fascista? Por otro lado, la izquierda mediática, que tiene de un poder enorme entre los votantes y aquellos que ven la televisión, oyen la radio y leen (porque todavía hay algunos que leen) la prensa, sigue diciendo continuamente que si la extrema derecha esto, que si la extrema derecha esto otro… pero nunca dicen nada de que la extrema izquierda, representada en el Parlamento, el Senado, muchísimos ayuntamientos, el Consejo de Europa y en cualquier lugar donde quepan, y son muchos, está intentando acabar con nuestro actual Estado para poner en su lugar otro Estado diferente donde nuestras libertades quedarían recortadas de manera drástica y quizá definitiva. Basta con ver los comentarios del día de la Constitución celebrado recientemente: unos dicen que el mayor halago que se le puede hacer a la Constitución es modificarla, otros que hay que cambiarla antes de que se caiga de puro vieja, otros que no hay que aplaudir al Jefe del Estado por defender la Constitución… y así sucesivamente. Supongo que algunos de mis lectores recordarán la famosa frase que decía que «puede que yo no comulgue con tus ideas, pero estaría dispuesto a morir para que puedas defenderlas» (o algo parecido, pero el espíritu de la cita es este), y pensarán que esta máxima es algo maravilloso, pero también que es pura falacia porque hay poca gente que esté dispuesta a dejarse matar para que yo pueda mantener mis opiniones. En esta tesitura, creo que más bien estamos dispuestos (yo no, ni creo que muchos de vosotros) a matar, no para defender nuestras ideas, sino para impedir que las vuestras salgan adelante.

telemanipulaEn la televisión, que es el medio más nauseabundo de todos los habidos y por haber para mantener a la población entontecida, no paran de darnos sus opiniones personas que harían mejor en mantenerse calladas: estar mencionando continuamente la llegada de la extrema derecha a nuestras instituciones y que eso no se puede tolerar, es algo que no paro de escuchar cuando enciendo el aparato para ver mi partida de snooker y hago algo de zapping y me encuentro con esos periodistas de verdad (debían decir excrementos de verdad) que no son más que mentirosos profesionales que intentan engañar a todo el mundo con sus argucias malvadas y malintencionadas. Justo es reconocer que los partidos antidemocráticos que hay en España se han alimentado con las televisiones privadas (y ahora también con las públicas, y para eso basta con ver un Telediario de la Uno de Televisión Española) y que, hasta que ellas quieran, que será para siempre o poco menos, tendremos la ración diaria de personajes inclasificables saliendo en la pantalla de plata para decirnos lo que está bien y lo que está mal y, pongamos algunos ejemplos: vosotros tenéis que vivir en pisos de protección social, sin seguridad y sin esperanzas, que yo viviré en un palacio rodeado de policías públicos para protegerme de vuestras miradas; vosotros tenéis que pagar más impuestos que nadie en Europa y recibir menos a cambio para que todos nosotros (me refiero a una clase política adocenada) podamos vivir a cuerpo de rey; vosotros tenéis que estudiar como Dios os dé a entender, pagando cantidades ingentes por las cuotas universitarias, por poner un ejemplo, que yo, casi con toda seguridad con alguna beca concedida a dedo, estudiaré lo menos posible y conseguiré doctorados y titulaciones de máster con el mero hecho de mi existencia; vosotros tenéis que acatar todo lo que yo digo porque yo tengo la razón, porque yo lo valgo y porque, si no lo hacéis, seréis tachados de fascistas. Todo el mundo sabe que el comunismo es el ideario político más democrático, limpio y pundonoroso de la historia… total, solo ha provocado la muerte de unos cien millones de personas enemigas (o amigas, que no importan esas cosillas) de su ideología… y luego nos vienen a decir que el mayor genocidio de la historia fue el de los nativos norteamericanos perpetrado en el siglo diecinueve. [A este respecto, recomiendo leer algo de la bibliografía existente, no muy extensa, pero siempre interesante.]

politicamente_correcto_4_588x353En fin, la lista podría alargarse. Pero llego a una primera conclusión y advertencia: yo veo que ahora mismo hay dos posiciones. La primera es la que mantiene la izquierda diciendo que los partidos que no comulgan con sus ideas son fascistas y que solo ellos son los verdaderos demócratas; para defender su tesis, lanzan a la gente a la calle y, lo que es peor, la gente sale, porque hay que salir, porque no botar es de fascista (como se decía hace muchos años en las manifestaciones en contra del régimen franquista). La segunda es la de aceptar las decisiones de las urnas (y de las sentencias judiciales, llegado el caso) y ya está: ¿acaso no hemos tolerado todos los españoles la presencia de Podemos en toda nuestra vida política sin otro aspaviento que es el de decir lo que son realmente? Pues ya está. No vale que nos digan que la derecha no tiene derecho al pacto porque puede llegar al poder con ayuda de partidos de extrema derecha y que yo puedo llegar al poder con ayuda de la extrema izquierda, porque Podemos es extrema izquierda, financiada por dictaduras como Venezuela, que estaría feliz si España fuera destruida por las mareas independentistas y que no parará hasta conseguir eso mismo o algo muy parecido con ayuda de un Partido Socialista Obrero Español empeñado en lo mismo con sus ideas de Estado federal, multinacionalidades y memeces así. Esto en gran medida es por la falta de capacidad mental de nuestros actuales gobernantes, que no dan pie con bola. En fin, que todos los representantes de izquierda salen diciendo que los partidos de derecha no se pueden aliar para sacar adelante un proyecto de país porque no son democráticos… pero que ellos sí, porque lo son; basta ver lo democráticos que son los independentistas catalanes (que dicen que el idioma español es el idioma de las bestias salvajes), los independentistas vascos (que hasta no hace muchos años utilizaban nuestras nucas como campo de pruebas de tiro), los representantes de Podemos (que nos dicen las moralinas que debemos acatar y las que no) y todos los miembros del Partido Socialista Obrero Español (que mienten como bellacos, bueno, es que son bellacos, continuamente). ¿Qué tipo de salsa vamos a conseguir con todo esto?

Ni idea. Pero una cosa os digo: las urnas son sagradas y hay que respetarlas, nos guste o no. Las alianzas son cosa de cada cual y de cómo las haga, pero si juntan las mayorías necesarias, aunque nos duela, no nos queda más remedio que asumirlas; llegará el momento en que, en unas nuevas elecciones, podremos echar a toda esa gente basurienta que hoy nos gobierna, que no os quepa duda. Las decisiones judiciales, más de lo mismo. El otro día escuché por televisión a una señora, o cosa parecida pero en horrible, que decía que las decisiones judiciales hay que cambiarlas en la calle, porque la calle sabe, la calle conoce la verdad, y los jueces no (estoy de acuerdo en que hay jueces prevaricadores, pero por lo general, y en su enorme mayoría, son buenas personas que saben lo que hacen), que hay que enseñarles a los jueces y a los fiscales a juzgar los delitos de género y otros delitos que se les escapan de las manos: que no saben distinguir entre agresión y violación (pero creo que en el Código Penal eran lo mismo), que no conocen las diferencias entre rebelión y sedición, y así con todo.

La izquierda nos dice lo que debemos pensar (ojo, que también lo hace la derecha), y lo hace de una manera solapada y, como ya he dicho otras veces, es como el trilero que te enseña unas cartas con esta mano y te da las que tiene en la otra.

ruinazapatero-e1539288828131¿Y el Gobierno? Pues a la luna de Valencia. Nuestro amado presidente, hoy por hoy casi líder supremo de la nación española (esto lo digo por su forma de gobernar: a golpe de decreto, porque carece de autoridad democrática para poder hacer otra cosa), siempre está de viaje: hoy aquí, mañana allí, un hombre de culo inquieto. Con su gran acervo cultural (aunque sea un doctor summa cum fraude en economía [imagino que sumergida]), nuestro noble presidente salta el mar como quien lava, se presenta en una cumbre aquí, en una reunión allí, celebra un consejo de Ministros al sur y otro en el norte, sin que importe nada dónde haga las cosas porque, a la postre, solo dice paridas sin sentido y no hace nada bien, y lo que hace lo hace mal en los dos sentidos de la palabra. Pone carita de guapo (es Pedro el Guapo, ¿os acordáis?) y viaja con las mama-chicho ministras repartiendo alegrías por donde quiera que va y diciendo (todos ellos en unión, toda la ministrada) tonterías a mansalva. No saben hablar, no saben mentir (que para lo que mienten, que es mucho, deberían haber aprendido), no saben nada, salvo los tópicos comunes de la izquierda cuando llega al poder de la manera que sea, que es como ha llegado, diciendo las sandeces que se les pasan por la cabeza sin ocuparse de razonar un momento antes para ver si hay algo interesante en las mismas: la izquierda, así en general, no tiene contenidos, tiene consignas. Sé que con todo esto me granjeo una gran cantidad de amigos, es broma, porque, como yo mismo me muevo en un ambiente supuestamente cultural pero al mismo tiempo muy provinciano, mis opiniones no son las que corresponden a la cultura, sino a la incultura y a la barbarie pleistocénica, que es de donde viene la chusma que, como yo y como muchos de vosotros, piensa antes de hablar, intenta escribir clarito y no quiere dejarse avasallar por gente que, en el fondo, vale muy poquito. No es que valgan menos que yo, o que cualquiera de nosotros, es que no valen nada, casi como si fueran perros muertos.

sanchez-obligado-subir-impuestos-compensar-lo-que-no-pagan-sus-ministros-gallina-ilustradaEl ministro de Ciencia (el astronauta, para entendernos), va al Congreso y, cuando hacen una pregunta de su negociado, deja que contesten los demás ministros, que se conoce que de ciencia entienden mucho más que él: basta con ver a Ábalos, flamante ministro creo que de Fomento, que tiene pinta de científico ruso de los pies a la cabeza, o a esa ministra que se llama Celaá y que no sé de qué es ministra, pero como es mujer y parece (ojo, empleo el verbo parecer) preparada, lo será de algo. El asunto es que, hace unos días, vi una foto, de esas que te manda por Facebook (aunque yo no uso esa máquina del mal) algún amigo, donde venían señalados todos los ministros que están inmersos en alguna corruptela de menor importancia (total, unos cientos de miles de euros en una declaración de bienes es tan poca cosa que no hay ni que mencionarla) y es que daba bochorno pensar que todos esos (que creo que eran hasta siete ministros y ministras y ministrus) estaban señalados por algún hecho impropio. Si yo llamo maricón a mi vecino, se me cae el pelo (aparte de que me puedo llevar un par de hostias) por machista, homófobo, en fin, no sé qué más, por todo me imagino, pero si lo dice la actual ministra de Justicia (que ya es fuerte, ya) no pasa nada, porque era cariñoso, amable… y en un ambiente distendido donde la tal ministra trataba con algunos de los personajes más siniestros de la reciente historia de España —jueces prevaricadores echados de la profesión, políticos corruptos, policías de las cloacas más profundas…— al servicio de sus propios intereses y vulnerando la ley de manera clara… pero, no pasa nada. Los socialistas, como los de Podemos, aplican dos varas de medir (menos mal que no son arquitectos, aunque podrían serlo tras robar algún título de esos que a vosotros os han costado sangre, sudor y lágrimas) a los diversos supuestos que se cruzan por su camino, explicando unas cosas de una manera y las mismas de otra, dependiendo que quién sea el interesado.

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¿patriotas o canallas?

En fin, que termino. Vamos a hacer un comentario final: España se encuentra en la encrucijada, debemos decidir lo que vamos a hacer con ella. Hay dos opciones, veo yo; la primera es intentar comprometernos con la gente que mejor nos parezca, olvidándonos de las etiquetas y pensando que hacen lo que tienen que hacer porque es lo que consideran correcto; esto nos llevaría a apartarnos de aquellos que intentan aprovecharse de nosotros para conseguir no sé qué fines, claros pero siempre nocivos tanto para el país como conjunto como para la ciudadanía como individualidades. Dijo Pablo Iglesias hace poquito tiempo (voy más a la idea que a las palabras textuales, así que perdónenme si me equivoco) que le daban asco los patriotas que se envolvían en la bandera, que los verdaderos patriotas eran como él, hombres y mujeres que querían la revolución de las masas oprimidas y el salvamento de todos, que luchar por eso era el verdadero patriotismo. Recordemos la frase de Samuel Johnson: «El patriotismo es el último refugio de un canalla». Y ahora preguntemos a nuestros apreciados líderes supremos, ¿vosotros qué sois —Pablo Iglesias «coleta morada», Pedro Sánchez el Guapo, querido carnicero de Mondragón, apreciado Quim Torra y tantos otros y otras y otrus—, patriotas o canallas… o quizá sois las dos cosas a la vez? A ver, ¿tenéis lo que hay que tener para contestar a esta sencilla pregunta?

Paco Arellano, español, heterosexual, no polimorfo, cimarrón, blanco.

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