LA GLOBALIZACIÓN INTERRUMPIDA

Frank G. Rubio

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En rigor la política es siempre sólo una manifestación superficial en la que se traducen, y con frecuencia engañosamente, los grandes cambios humanos. Por ello es necesario esforzarse por entrever, a través de las apariencias y los gestos de la política, el rumbo, hoy tan incierto, que oriente al porvenir. Paulino Garagorri.

La Estrategia de Seguridad Nacional se materializa en un documento que elabora periódicamente la rama ejecutiva del Gobierno de los Estados Unidos, cuyo destinatario es el Congreso; en él se exponen las cuestiones y problemáticas relacionadas con la Seguridad Nacional que acucian a la sociedad norteamericana. Al contrario que la Estrategia General Militar tiene un contenido general y fundamentalmente orientativo; sus orígenes tuvieron lugar durante el segundo mandato de Ronald Reagan, con el Acta Goldwater-Nichols del 4 de octubre de 1986 donde se reorganizó drásticamente el Departamento de Defensa que fuera creado en el Acta de Seguridad Nacional de 1947.

En diciembre del 2017 ya con el 45 Presidente, Donald Trump, tuvo lugar la publicación del 17 documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional (“National Security Strategy”); está marcadamente influido por su programa para “hacer América grande otra vez” (MAGA: Make America Great Again). Es importante que el lector en lengua española conozca de primera mano algunos contenidos y se pregunte porque sus mandatarios elegidos no hablan este lenguaje y son hostiles a él. Más aun en una época de obvio declive económico, deterioro social profundo, potencial escisión de la nación española y clara erosión de los parámetros básicos estéticos y éticos colectivos.

El proyecto descansa en cuatro pilares. El primero: proteger al pueblo norteamericano, su territorio y su modo de vida. El segundo dispone promover la prosperidad del país. El tercero busca preservar la paz en el mundo mediante la fortaleza, no la debilidad. El cuarto pone como objetivo incrementar la influencia norteamericana en el concierto de las naciones. Donald Trump mantiene un enfoque consistente fundamentado en el refuerzo del Estado-Nación, muy alejado de las concepciones globalistas de su predecesor y del internacionalismo izquierdista. Lo mismo hacen otros líderes de grandes potencias (Rusia, India, China, Israel…) colocando la seguridad, los intereses y el bienestar de sus compatriotas en primera linea. Atención a la marcada diferencia que existe con la frágil Unión Europea y su actual y oficiosa “paloma mensajera”: el Papa Francisco. Hay que añadir de entrada que de Europa muy poco se puede esperar, sin ideas claras sobre la propia Constitución política y en ausencia de unas Fuerzas Armadas en condiciones que permitan articular, afirmando el propio papel geopolitico, un horizonte decisional coherente con los escenarios del mundo multipolar que ya habitamos. El multiculturalismo impuesto desde arriba y la sociedad de la vigilancia no son suficientes. Como botón de muestra del contraste entre América y Europa: Conforme fortalecemos nuestra soberanía, renovamos nuestra confianza en nosotros mismos como nación. Estamos orgullosos de nuestra Historia y somos optimistas sobre el futuro de nuestro país, pensamos que los Estados Unidos ofrecen al mundo un ejemplo positivo pero somos realistas y entendemos que nuestro modo de vida no puede ser impuesto a otros países, ni es la culminación inevitable de un proceso unilateral de progreso.

Revitalizar la economía, reconstruir el Ejército, defender las fronteras (“buenas vallas hacen buenos vecinos”), proteger la soberanía norteamericana y potenciar los valores que desde 1776 guían esta República son objetivos declarados. Nuestro país, en caída libre en todos los aspectos relevantes que hacen viable un modo civilizado de vida, tiene mucho que aprender de la nueva Presidencia de nuestro vecino del otro lado el Atlántico pero no lo lo hará.

Durante la toma de posesión se manifestó sutilmente, a nivel simbólico y protocolario, el apoyo que las Fuerzas Armadas confieren al Presidente en un momento de crisis interna e incertidumbre internacional. Desde el primer momento, sin ambigüedades, nombra en el documento al régimen totalitario norcoreano y a la dictadura teocrática iraní como enemigos; ambos en trance de hacer viable el uso armas nucleares de destrucción masiva de elaboración propia. El peligro procedente de estados hostiles y de actores no estatales de la misma condición que tratan de adquirir armas biológicas, químicas o nucleares, se está incrementando.    

Recordemos como su predecesor, cuyo desprestigio crecerá con el tiempo por el conocimiento de las raíces de muchas acciones perpetradas durante su Administración, concretó entre otros fiascos las fallidas “primaveras árabes”; influyendo también con su torpeza en el deslizamiento de una Turquía reislamizada hacia la órbita rusa y de manera más vesánica en el “cambio de régimen” en Ucrania. Este último ha llevado, junto con la pésimamente gestionada cuestión siria, a un enfrentamiento declarado con Rusia; hay que añadir a todo esto una política errónea de apaciguamiento con Irán que ha dejado como herencia un mundo más inseguro que requiere, como afirma el nuevo Presidente, una renovación del liderazgo norteamericano. Con relación a la lucha contra el terrorismo yihadista se han dado pasos de gigante en estos primeros doce meses de Presidencia, sirva de muestra la aniquilación de la base territorial y de la cabeza rectora del grotesco Califato: el Dáesh.

Entre los puntos claves están el fortalecimiento de las fronteras y la reforma del sistema de inmigración. La inmigración ilegal genera graves cargas para la economía, daña a los trabajadores norteamericanos y plantea graves problemas de salud pública; enriqueciendo además a las mafias. Sobre esta cuestión, critica en el ámbito europeo, también tenemos muchas cosas que aprender. Con relación a la economía búscase rejuvenecerla para proteger, tanto a los trabajadores como a las compañías, incentivando relaciones económicas basadas en la reciprocidad e impidiendo prácticas mercantilistas. La intervención excesiva en la vida económica disminuyen el crecimiento y la creación de empleo; la abundante regulación y las políticas fiscales destinadas a las corporaciones  han incentivado el éxodo de estas a Ultramar, poniendo además en desventaja las empresas norteamericanas con relación a sus competidores extranjeros. El excesivo peso dado al medioambientalismo ha impedido el desarrollo de proyectos energéticos valiosos.

La protección de la propiedad intelectual, mediante el desarrollo de los procedimientos de contra-Inteligencia, y la preservación del liderazgo en Ciencia y Tecnología serán básicos para el incremento de la riqueza. Con relación al espacio ultraterrestre se hace hincapié en la exploración del sistema solar y en la toma de medidas adecuadas contra la guerra asimétrica que plantean los dispositivos anti satélites. Se apuesta por el crecimiento económico y por el bienestar de las poblaciones, no por la imposición subrepticia de un colectivismo distópico en nombre de abyectas fantasías como el “cambio climático” (ni se menciona) o el multiculturalismo nivelador.

El Ejército requiere reformas y esta será una cuestión prioritaria, su misión no consistirá sólo en detener o disuadir sino cuando sea preciso en combatir y vencer. China y Rusia ponen en riesgo el poder norteamericano, sus intereses y su influencia, tratando de erosionar la seguridad y la prosperidad de los Estados Unidos y sus aliados. Estos competidores estratégicos en trance de convertirse en enemigos de facto obligan a la nación americana a repensar las políticas de las dos ultimas décadas; basadas en la asunción refutada por los hechos de que la inserción de los antiguos adversarios en las instituciones internacionales o el comercio global les convertiría automáticamente en actores benignos o competidores fiables. Tanto China como Rusia buscan rehacer el mundo en función de valores antitéticos con la libertad y la democracia. China busca desplazar a Estados Unidos en el Pacífico, expandiendo su modelo económico estatista y reestructurando con ello el orden geopolítico de la zona. Rusia busca recuperar su estatuto de gran potencia estableciendo como en el pasado zonas de influencia junto a sus fronteras y Europa está en su punto de mira.

Conforme se incrementan las amenazas, el país cometió la imprudencia de recortar el tamaño de sus fuerzas armadas hasta niveles similares a los de los años cuarenta, queda claro que la tecnología no puede suplantar esta deficiencia; no se puede pensar que las guerras sean forzosamente ganadas con rapidez y pocas bajas, hay que ser capaces de vencer sobre el terreno y prevalecer militarmente y consolidar las victorias. La Estrategia de Seguridad Nacional propone un sistema adecuado de defensa antimisiles y la conjuración de las amenazas terroristas in situ, antes de que puedan acceder a las fronteras del país.

Se ha comparado la actual situación internacional con la que precedió al desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial y hay razones de peso para pensar en el estallido inminente de un conflicto de amplias proporciones. Un enfrentamiento que esta vez no tendrá como actores principales a naciones o imperios, sino a civilizaciones. Consecuentemente se propone a los aliados europeos un crecimiento del gasto militar de hasta el 2% del Presupuesto; una Europa fuerte es de vital importancia para los Estados Unidos. El documento llama la atención sobre los intentos rusos de minar las relaciones trasatlánticas mediante técnicas de agitación y propaganda.

Antes de terminar, ya en lo penúltimo y para mejor incitar a la reflexión, me permitiré la intempestiva libertad de citar con largueza al mismo Paulino Garagorri de la cita inicial. Fue este caballero, discípulo de Ortega, un espíritu liberal y lúcido de gran calado que ya en 1978, hace la friolera de 40 años, dejó dicho algo completamente aplicable a la situación que vivimos:

La vida humana ha experimentado en los recientes decenios la más acelerada transformación a la que jamás se vio sometida. Los acontecimientos de la política—su acentuada inestabilidad, su carácter irresolutivo—expresan esta profunda conmoción. Pero la ineficacia de las instituciones tradicionales para encauzar los inéditos problemas que plantea el presente histórico, tenía que conducir al desbordamiento de la política. Y como forzosa consecuencia de  esta crisis, la cultura y aun la ciencia más “pura” se hallan no sólo condicionadas sino infectadas por el politicismo.

Retornando para mejor terminar al documento que nos ha servido de móvil y guía:

Los riesgos para la Seguridad Nacional crecerán conforme nuestros competidores integren la información que se derive, tanto de fuentes comerciales o personales, como de la procedente del campo estricto de Inteligencia mediante las capacidades analíticas que hacen posible las Inteligencias Artificiales.

Y es que el siglo XXI será un siglo que vivirá con intensidad, muy posiblemente letal, los dilemas provocados por la emergencia de las Inteligencias Artificiales junto con el papel creciente de la Robótica en todas las áreas. Qué mas precisas, y a la vez ambiguas, para esta ocasión que estas palabras proféticas de Nostradamus:

Un gran vacío vendrá
A causa de una cabeza desvariada
Un gran delirio se impondrá
al pueblo.

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