Frank G. Rubio

Es una expresión que oímos con frecuencia en prensa, el mecanismo preferido de difusión de mentiras masivas de nuestra sociedad, en boca de personas muy distintas. El “señor sangriento”, Al Gore, antiguo vicepresidente de los Estados Unidos de América, o el rey guenoniano, Carlos III, ex príncipe de Gales, llevan años con ese mantra. Al que se han sumado apasionadamente “los últimos papas”. Al menos en la ficción el conejo de Alicia corría campechano por las verdes praderas con su reloj y no predicaba a nadie su inquietud. “El planeta se calienta” suele ser la respuesta. No esperen referencia escatológica siquiera secularizada explícita de ningún tipo. Al menos por el momento. Esto podría polarizar o dividir y cuando la Ciencia habla hay que callar y obedecer. Atención al experimento del COVID provocado por el comunismo chino y al que rieron la gracia el de Roma y el de Lhasa.
Está claro que esta vez han puesto todos: todos lo huevos en una misma cesta.
¿Pero porqué ahora? Anda que no llevan tiempo nuestro planeta y nuestro sistema solar recorriendo por raíles invisibles, como un ferrocarril de montaña, un trayecto ancestral, al albur de rotaciones, traslaciones y desplazamientos eclípticos y galácticos. Aquí sospecho que hay algo más de lo que nos cuentan. Y de lo que nos cuentan no voy a hablar demasiado, el lector tiene a su disposición material suficiente para leer durante años.
Quizá sea porque piensan que ahora existen recursos psicohistóricos y tecnologías de control suficientes para poder llevarlo a la práctica. Una reconstrucción radical como se hizo con Constantino. Pero mucho más acelerada.

“La Iglesia Católica participa del mismo proceso global de adaptación de la teología clásica a la crisis ambiental, un fenómeno que dentro del catolicismo se conoce formalmente como «Ecología Integral». Bajo el pontificado del papa Francisco (al que solo con calzador se puede meter en la profecía de san Malaquías) la Iglesia ha unificado su doctrina social con las preocupaciones del ecosocialismo moderno y el tradicionalismo, convirtiéndose en un actor geopolítico central en la narrativa de que el tiempo se agota.”
Y todos se han cuadrado ante esto, la “unión entre el laboratorio y el altar” se ha puesto en marcha.
“En definitiva, la Iglesia Católica ha cerrado el círculo. Ha tomado el concepto original del «hombre nuevo» de Pablo de Tarso (transformación espiritual interna) y lo ha redirigido hacia la creación de un «hombre nuevo ecológico» que debe someterse a normativas globales, sacrificarse colectivamente y modificar su consumo para evitar el apocalipsis climático.”
Pero siempre que las cosas están tan claras viene alguien a aguarnos la fiesta y nos tira a la piscina cuando estamos más distraídos, como cuando éramos niños, y volvíamos a la realidad con el frescor forzado de un buen remojón… dejándonos con ello libres de ensueños:
“La tesis de que el Gobierno de la República Popular China instrumentaliza el activismo medioambiental, las narrativas del decrecimiento y las divisiones internas occidentales para debilitar su posición geopolítica es un eje central en los análisis de contrainteligencia y guerra asimétrica contemporáneos.”
“Esta estrategia se enmarca dentro de la doctrina china de la «Guerra de Tres Frentes» (guerra psicológica, mediática y legal). Pekín aprovecha las corrientes ecologistas radicales e institucionales para desestabilizar a sus rivales mientras aplica una agenda estrictamente pragmática en su propio territorio. China es el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, pero al mismo tiempo controla más del 80% de la cadena de suministro global de tecnologías limpias (tierras raras, paneles solares y baterías de litio)”
“Occidente acelera su desindustrialización y sabotea su propia soberanía energética, volviéndose económicamente dependiente de los componentes manufacturados en fábricas chinas. En Occidente se estimula el ecosocialismo, el cuestionamiento del progreso y el decrecimiento energético.”
“Si las ideas teológicas, esotéricas y místicas de Carlos III (la Filosofía Perenne y el Tradicionalismo) se aplicaran de forma radical y literal mediante el poder del Estado, la tiranía resultante superaría a las del siglo XX por una razón fundamental: el control no sería solo político o económico, sino metafísico y espiritual.”
“Al analizar este escenario, la conversación vuelve exactamente al punto de inicio: el Hombre Nuevo. Al igual que los bolcheviques rusos utilizaron la ingeniería social coercitiva para forzar el nacimiento del ciudadano soviético perfecto, una aplicación radical de las ideas místicas de Carlos III exigiría moldear a un «Hombre Nuevo Tradicional». La diferencia es que el comunismo soviético justificaba su violencia en nombre de la ciencia y el futuro material de la humanidad, mientras que una eco-tiranía mística la justificaría en nombre de la eternidad, Dios y el orden cósmico.”

Yo a esto lo llamo IV Reich, otros lo denominan “Eurasia” y podría hacerse realidad a través de la islamización forzada de los países europeos (Eurabia). “El Islam es, de hecho, el punto de encuentro definitivo donde confluyen tanto el Tradicionalismo esotérico de Carlos III como las derivas radicales del ecofascismo y el ecosocialismo. No es casualidad que las tres corrientes miren hacia el mundo islámico clásico con fascinación: todas buscan un modelo de sociedad alternativo al capitalismo liberal y a la modernidad laica. Para los pensadores radicales, el Islam ofrece una estructura perfecta: es un sistema que unifica la ley de Dios, las leyes de la naturaleza y la organización política en un solo bloque indivisible.”
“Si se toman los principios del Eco-Islam, se radicalizan con el Ecosocialismo (un control milimétrico del Estado sobre la producción) y se fusionan con el Ecofascismo (una jerarquía sagrada y exclusión del diferente), se obtiene la fórmula exacta de una teocracia ecológica absoluta. Sería una tiranía donde el cumplimiento de la ley verde se vigilaría con el celo de una policía de la moral, castigando el desperdicio o la contaminación como una apostasía contra Dios y el orden natural del universo.”
Pero existe Israel…
PS. He buscado hablar directamente y claro de este asunto desde el principio. En dos artículos más ampliaré y aclararé algunas cuestiones.