Permitirnos no pensar, aquel lujo

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Lois P. Rivera

Es sano cuestionarnos la realidad. Siempre. Como actitud vital, pero mucho más en la situación que vivimos.

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Absolutamente fuera del guión de vida que teníamos, asistimos desde hace apenas dos meses a un macabro espectáculo. La instalación, con el incesante peso real y simbólico de la muerte, de la arquitectura de una opresión que primero ha generado un escenario de terror, menos terrorífico que catastrófico en sus consecuencias finales, y que ahora nos infantiliza a marchas forzadas, usando en nuestra contra las consecuencias de sus negligencias. Nos fragiliza, nos hace vulnerables, nos da información contradictoria, y ahora nos somete a un ejercicio de constante delegación de nuestra capacidad de control sobre nuestras vidas. El locus de control, es importante tenerlo en cuenta, es uno de los constructos psicológicos que más correlacionan con el desequilibrio mental. Necesitamos controlar nuestras vidas, o como mínimo, como hacen los niños, confiar en quienes la controlan o supervisan. Cuando esto está amenazado, se activan reacciones psicológicas defensivas que pueden acabar generando mucho daño y sufrimiento, como regresiones y estados disociativos, como ocurre tan a menudo en los eventos traumáticos.

Sufrimiento complicado además por el momento de duelo latente, con predominio de la energía depresiva, tendente a la inacción. Y verdaderamente se ha producido una gran pérdida en el estrato más experimentado de nuestra sociedad (y probablemente por ello el más sabio), más del 90% de los fallecidos. El hecho adquiere características de depuración étnica si atendemos a que el gobierno y el establishment han sido a la vez agentes facilitadores y a la vez negadores del hecho, siendo algo aún silenciado. En la arquitectura de esta opresión, la parte agresora, negligente, negadora, paranoica, ejerce el poder de arriba y el de abajo, el de perpetrador vestido de salvador, y víctima, en un círculo diabólico del que no saldremos fácilmente. La disonancia cognitiva es una constante en toda esta fase.

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Falta aún una dimensión temporal que añadir al análisis de la letalidad del virus y sus secuelas, pero los datos que aportan a nivel mundial los incrementos excepcionales de mortalidad, que en el caso de España a 3 de mayo era de aproximadamente 30.000 personas, hace plantear que este virus no es muy letal pero sí es extraordinariamente contagioso. Podemos hasta contemplar su capacidad de contagio como su atributo más letal. Letal por la capacidad de desbordamiento de cualquier sistema sanitario. En nuestro caso y el de Italia, o Nueva York, el turismo ha dinamizado mucho los acontecimientos para mal. Pero la incompetencia de nuestros autoproclamados gestores, incluyendo la nefasta medida de cerrar los colegios, ha sido el catalizador de nuestro escenario catastrófico real, y una muestra de cómo el mismo evento puede tomar tan diferentes trayectorias. Ese primer desbordamiento del sistema sanitario ha sido el primer golpe, que además ha producido muchas muertes por enfermedades secundarias. La actuación tarde y desproporcionada ya ha iniciado otras crisis secundarias, la económica, cuyo proceso de propagación e incubación está pareciéndose extraordinariamente a la fase sanitaria, pero cuyas consecuencias pueden ser muchísimo más nefastas, y la psicológica, por el efecto del confinamiento y control poblacional arbitrario.

Mientras se sigue sin tomar en serio controlar la propagación con la sencilla recomendación de usar mascarillas (aunque sean de tela, como en República Checa) en lugares públicos, se insiste en el control y limitación de la libertad.

Se están generando cuadros secundarios que van a afectar entre otras cosas también a nuestro sistema inmune. Pero igual es que las siguientes pandemias, y que vamos a sufrir en España especialmente, interesan a los que han potenciado los efectos letales de la primera.

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La duda más grande y que debe hacernos ser aún relativamente conservadores, es sobre el tema aún esquivo de la carga viral y el funcionamiento del virus (más multiorgánico y vascular que respiratorio, ojo), y si realmente aumentando, hace efectivamente más letal este virus en cualquier franja de población. Sigue habiendo muchos interrogantes y ya resulta suficientemente problemático que se considere el tabaquismo y vivir en condiciones de contaminación ambiental como una enfermedad previa.

Nuestras prioridades debieran ser “metabolizar” este virus como grupo a través de la inmunidad, y afrontar cuanto antes esas crisis secundarias; activar cuanto antes la economía y aplicar cuantas medidas proteccionistas sean necesarias para mantener empleo, como ya están haciendo otras economías, y para activar o dado el caso reinventar la industria, especialmente para el autoabastecimiento en condiciones de pandemia, mientras esperamos una más que probable segunda ola que nos deberá tener más concienciados con respecto a la facilidad de contagio “desbordante”, más autosuficientes, y desde luego con más capacidad de autogestión individual y personal.

El cuerpo lleva la cuenta que la mente no se permite llevar. La televisión ya directamente produce arcadas, mal cuerpo, mucho más que antes, en un proceso de condicionamiento muy complejo. El bien es el mal, el protector es el perpetrador, el escudo es en realidad la daga ensangrentada, con mascarilla y mantita… En las relaciones humanas el tipo de vínculo que se establece bajo estas características se movería entre las categorías de los denominados vínculo inseguro, y vínculo ambivalente, siendo este último el más dañino, porque configura una realidad en la que no sabes a qué atenerte, y en la que los efectos de tus actos son irrelevantes. Dado además un determinado nivel de regresión, sencillamente te dejas de encargar de ti mismo. La desconfianza, la incertidumbre, el nivel de alerta que este tipo de relaciones despierta es muy problemático, y en muchos casos, también induce la paranoia, ya que de pronto, lo corriente, común, ético y correcto se convierte en aquello que contraviene la norma, y sin duda vamos juntando motivos para cuestionarnos y vulnerar los principios del estado de alarma y el confinamiento.

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Sigamos. No nos duran los teléfonos móviles 2 años, pero a nivel de nuestro sistema nervioso, si hiciéramos un símil informático con lo que llevamos encima de los hombros, llevamos sin actualizar la placa base y unos componentes muy básicos aproximadamente 60.000 millones de años, que fue cuando salió el modelo sapiens sapiens. La amígdala, el llamado cerebro reptiliano y la estructura modular del cerebro, se desarrollaron por esa época. Así de avanzados somos. Casi literalmente podría decirse que codificamos inconscientemente la incertidumbre como peligro, iniciando mecanismos bastante automáticos frente a una agresión percibida, que tienen como polos, la hipoactivación, la parálisis (vector depresivo, anérgico, pesimista) o la hiperactivación, el modo lucha y huida (vector ansiógeno, muy desgastante y poco compatible con el confinamiento y el control social). Si a esto le sumamos la desconfianza, podemos estar ya en terrenos de la conocida indefensión aprendida, que suele decantar la polaridad hacia la hipoactivación.

Salvo la ciudad de Melilla, los coeficientes de transmisión, las famosas R´s han quedado por debajo de 1 en toda España, y precisamente lo único que el Estado considera secundario es lo fundamental (fin inmediato al confinamiento, reactivación económica, necesidad de mascarilla en lugares públicos, y testeo urgente de los sanitarios, cuerpos de seguridad y emergencias). Esto supondría volver a la antigua normalidad, tratando a los individuos como personas responsables en sus decisiones y capaces de ayudar y ser solidarios y eficientes, como se ha visto que ha sido principalmente el caso. Imprescindible para esto es saber cuál es el plan, y tener la voluntad honesta de recurrir a lo que sea para llevarlo a cabo, que incluye la autocrítica, la asunción de responsabilidades directas y subsidiarias, y la imposibilidad de no cometer errores.

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Estamos tan asustados, indignados, enfadados, suspicaces… por el momento presente, por nuestro día a día de mentiras, que hemos dejado de pensar en el mañana, en esa nueva normalidad a la que nos iremos acostumbrando gradualmente y en la que ya no nos quieren como seres adultos, sino dóciles, adocenados, culpabilizados, victimizados, traumatizados. Es precisamente el silenciamiento del trauma junto con su imposibilidad de combatirlo los factores que más negativamente pueden afectar en eventos de estas características

Debemos ser conscientes de que igual de que tras el 11-S ninguna de las excepcionales medidas implementadas han cesado aún, 20 años después, nada de lo que resulte de combatir al SARS-COV-2 dejará de existir tras las 2 o tres olas que nos pueden esperar.

Personas que ahora se enorgullecen de lucir un triángulo rojo invertido como el que tenían los presos políticos en los campos de concentración nazi se encargan públicamente de censurar el disenso hacia un gobierno gerontocida, apoyar y promover un iatrogénico estado de alarma colectivo, y un ruinoso proceso de destrucción económica. Basta ya.

Y nunca más. No podemos salir de esta crisis, tarde lo que tarde, sin exigir un cambio de paradigma, pero hacia uno que nos libre de poder volver a sufrir jamás una tiranía de unos pocos tan poco válidos y honestos, gente arbitraria, nefasta y fuera de nuestro control (jurídicamente irresponsables, gran parte de ellos). Nos merecemos que nos traten como adultos y las autoridades como iguales. Pero para ello, tenemos que poder deponerlos, lo que implicaría poder elegirlos, para controlarlos. Exijamos esa figura, como la del diputado de distrito. Y elijamos a un presidente de todos en una arena colectiva para formar el gobierno, por elección mayoritaria de todos los españoles a doble vuelta, y contrapongamos a estos dos poderes de acción y legislación. Y dejemos por último que el poder judicial se constituya también de forma independiente para vigilar a los otros dos  e impartir justicia independiente. Controlemos al gobierno para que se controle a sí mismo. Seamos responsables todos. Lo somos de lo que aún está por suceder.

Aprendamos de lo perdido, y sufrido. Es hora de pensar y actuar.

Lois P. Rivera

Para pensar más:

La violencia simbólica en España (que el cordero vaya contento al matadero) en el caso del Covid19

https://www.actasanitaria.com/la-violencia-simbolica-en-espana-que-el-cordero-vaya-contento-al-matadero-en-el-caso-del-covid19/

El Covid-19 y el problema de la verdad

https://elmanifiesto.com/tribuna/630248383/El-Covid-19-y-el-problema-de-la-verdad.html

https://contraelconfinamientodelapoblacion.wordpress.com

How deadly is the coronavirus? It’s still far from clear https://www.spectator.co.uk/article/The-evidence-on-Covid-19-is-not-as-clear-as-we-think

 

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